viernes, 23 de mayo de 2014

SMPR #Azaral7días7partos (Viernes)

La semana del 19 al 25 de Mayo se celebra la Semana Mundial del Parto Respetado bajo el lema "Parir es poder". Con la iniciativa #Azaral7días7partos vamos a publicar un relato de parto diario para celebrar esta semana. Serán 7 partos respetados y no respetados. Partos para aprender, para compartir sentimientos...


Hoy Viernes continuamos con el nacimiento precioso y exprés de nuestra benjamina. Hoy leeremos el relato del parto de Cristina y Sara. Aquí os lo dejo:



El parto de Daniel fué poco respetado. Tanto que ni siquiera fue escuchado. No tuve voz para él. Elena ni siquiera llegó a nacer. Así que tu embarazo llegó en una mezcla de incertidumbre, desconcierto, y dentro de una montaña emocional. Estuvimos muy preocupados por ti, atravesando todo tipo de problemas, montaña rusa… En navidades nos dieron resultados de la amniocentesis. Y ya decidí que no permitiría que nada te perturbara más. Ni a mí tampoco. Estas éramos nosotras y estábamos en esto juntas. 

Empezamos a rodearnos de cosas, ambientes y personas agradables. Sesión de fotos y pintura con Maica Luis e Ira Tufano, Sesión de fotos con Mónica Rodríguez, clases de yoga con Laura Moya, preparación al parto con la maravillosa Cyndia… y entonces, Inés Bueno me dice que quiere acompañar mi embarazo como parte de sus prácticas de Doula… y nuestra tribu se acerca cada vez más… y empiezo con contracciones y con un útero que vibra… preparamos tu plan de parto. Queremos parto natural en paritorio 8… estaba segura de que serías prematura, así que pospuse todos los asuntos… me ataca un síndrome del nido bestial.. y entonces se alinean los astros para el día de mi cumpleaños. Y en vez de un babyshower, pedimos un Blessingway, una ceremonia de bienvenida, el día que cumplí 40 años. Por nada quería tener un hijo con cuarenta años cumplidos... pero tu eres finalmente Tauro, y claro, si no quieres nacer... La ceremonia con mis comadres fue superespecial… encendimos velas, nos tomamos de las manos y cada una me regaló cuentas para un collar de partos lleno de bendiciones. Ahí dejé de posponer cosas. Ya vendrías cuando quisieras. 

Y no querías. Terminé de preparar el bolso del hospital (los bolsos. Uno para el parto y otro para la habitación). Pasó la semana cuarenta, y la cuarenta y uno… y entonces, empiezo con contracciones, tras un día donde no te habías movido mucho..Vamos al materno y falsa alarma. Dos días después, me empiezan contracciones regulares, a las 12 de la noche. Van desde cada diez minutos a cada seis, no cesan. No son dolorosas, pero tampoco van a más… me quedo dormida a las cuatro de la mañana en el sofá. A las seis me voy a la cama. A las nueve nos levantamos, y van otra vez a cada diez minutos. Vuelven a acelerar y se quedan cada seis… así que sobre las 11 llegamos al materno. Allí he quedado con Inés. Por urgencias espero y me atiende una matrona. Me toma la tensión y está un poco alta (paritorio 8 en peligro). Me pasan con la matrona Maria José. Me pide permiso para hacerme un tacto. Mi cara debió parecerle un poema. ¿nunca te han pedido permiso? Me preguntó… ahí creo que me derrumbé. Toda mi relación amor odio con ese hospital salió en un momento. Me eché a llorar. Maria José me miró a los ojos. Se acercó a mi y me dijo... Estás genial, tiene un aspecto ideal, pero no estás de parto. Deja ir todo eso, y dale permiso para nacer. Puede ser hoy o no (es hoy, le contesté) pero no es todavía. Vuelve cuando tengas el bigote sudado. Así que Inés y yo nos preparamos para irnos. 

Decidimos irnos a comer a San Cristobal, que yo tenía antojo desde el día de las madres. Pero nos paró una animadora buscando donantes de sangre. Inés se animó y la acompañé. Aprovechamos para comprobar si los nuevos protocolos para donantes que lactan del ICHH estaban funcionando. Pedí que me tomaran la tensión y estaba perfecta. Bien por nosotras. Fuimos caminando hasta el restaurante, y pedimos. Tónica y arroz. Café con canela de postre (la canela estaba en mi bolso del parto). Las contracciones no habían parado. En algunas ya me tenía que poner de pié. Inés las controlaba un poco, todavía cada seis minutos. Bromeábamos. Todavía dolía más el torno del dentista. Salimos del restaurante sobre las cuatro de la tarde. Fuimos caminando hasta donde estaba el coche. Algunas más. Llevamos a Inés para que vea que tal su nena, y fuimos a darle una vuelta a Daniel a casa de mi madre. No aguanto sentada. Voy al baño, veo a Daniel, me quiero ir. Mi madre me habla, me habla todo el mundo, y yo quiero irme al silencio. Cada vez más intensas. Todavía no duele, pero me doblan. Peor sigue siendo el torno del dentista, aún prefiero estar ahí. No puedo estar sentada. Nos vamos. De vuelta al hospital. En el coche me suda el bigote. Me río. No puedo sentarme. No soporto las curvas. Más rápido, más despacio, cuidado!

Acabamos de dejar a Inés, así que primero voy a pasar a urgencias, para ahorrarle un rato. En  urgencias me siento en cinco sillas diferentes, en ninguna quepo. Devuelvo todo el arroz. De fondo oigo, esta está de parto. Me pasan a la consulta de la matrona. No me puedo sentar en la camilla, no les dejo hacer el tacto. Espere, por favor, deme un momento, le digo a la enfermera, al matrón… Está de nueve, pero en expulsivo. Al paritorio nueve… Mi momento cuerdo ¡yo pedí el ocho! Al ocho entonces… por el camino se me presenta un residente de ginecología.. que si puede estar en mi parto… si claro.. no sé como me ponen la bata entre la camilla y la silla de ruedas. Me llevan hasta el paritorio, me subo al sillón, que está cubierto por una sábana, y me apoyo en un cojín. -Llama a Inés-. Me dicen que ya puedo empujar cuando tenga ganas. -Llama a Inés-. Me oigo hablando alto. Unas aes muy grandes. Llama a Inés es mi mantra. Sigo con la aaaa. Empujo. Sigo empujando. ¿eso es el circulo de fuego? ¿por qué no quema? Solo está caliente… sigo empujando. Evoco mi collar de partos y nuestras manos unidas, las flores. La sonrisa de Daniel. Sale la cabeza. Tiene que ser la cabeza. Al tacto de mi vagina es una cabeza muy pequeña. Es muy pequeña. Sigo empujando. Espera me dicen. Sigue.. sigo… no sé donde estoy. Empujo otra vez. Ya estás fuera. Te me dan. Te cojo, pero no te veo. Te tengo en brazos pero no se que hacer contigo. Te sostengo, pero no te siento. Quiero sentarme. Te miro. Me siento vacía, sóla. Me cambian de paritorio, para poder coser bien. Dos desgarros y dos laceraciones. No llegas al pecho.. Te ayudo, te ayudan. Te miro, y esta vez te veo. Por fin te siento. Ya no somos una, ahora eres Sara… aparece Maria José… le sonrío. Vine con el bigote sudado, le digo. Gracias. La matrona jovencísima que atendió mi parto no sé como se llama. Encantadora. Todo perfecto. Al día siguiente sería matrona de verdad, titulada. Va a ser una matrona excelente, ni la vi. La ví al día siguiente, que vino a vernos. Parto de sueño. Tan rápido… me cambian de matrona y la nueva se pone a ligar con el residente que me está cosiendo. No respeta que mi bebé esté al pecho para ponerle la vitamina K. es lo único que no respetan…

No hubo conchas. Ni velas. No encendí el incienso, ni llenamos la bañera con agua de mar. No preparamos infusiones, ni bebimos champán. Ni el chocolate, Ni la música. No llevaba el collar de partos. No estaba Mi Doula... ninguno de los símbolos que llevaba para un parto perfecto estaba conmigo. Pero cuando cerré los ojos y se abrió el círculo de fuego ví nuestro círculo de manos unidas. Y me convertí en la mujer que soy. La mujer que pare sola, que da vida. Y creé a Sara, que sólo existía dentro de mi. Gracias. GRACIAS!!!

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